La artesanía salinera de Torrevieja

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Todo lo que deseas saber sobre los barcos de sal torrevejenses

La sociedad torrevejense cuenta con numerosos emblemas. Sus playas (especialmente las de La Mata y las Calas de Ferrís y la Zorra), las salinas de Torrevieja, el Parque Natural de las Lagunas de La Mata – Torrevieja, la Torre del Moro, el Certamen Internacional de Habaneras y Polifonía (que engloba a otros eventos culturales como el Certamen Juvenil de Habaneras y Polifonía, el Certamen Internacional de Habaneras para solistas, el Encuentro Coral así como las entrañables Habaneras en la playa)…

De todos destaca uno por encima de todos. Se trata de un objeto de incalculable valor sentimental y emocional para todo torrevejense. Tanto es así que se ha convertido en el obsequio por antonomasia, un regalo de recuerdo para toda aquella persona que visita la ciudad y que se queda enamorada para siempre de sus paisajes, su clima, su diversidad cultural… Nos referimos al barco de sal.

1.Barcos_de_sal - copia

Su elaboración es fruto de la tradición, del trabajo y la meticulosidad de nuestros antepasados. Su técnica ha ido pasando generación tras generación hasta llegar a nuestros días. Grupo Mahersol ha querido conocer la técnica de primera mano. Y para ello ha entrevistado a Miguel Pérez Muñoz. Si nos referimos a él como “el gavilán” quizás nos resulte más fácil saber a quien nos referimos, especialmente para los torrevejenses. Sin lugar a dudas se trata de un artesano torrevejense conocido por la gran labor que realiza difundiendo la artesanía torrevejense entre los más jóvenes, para que siga siendo una seña de identidad de esta ciudad llamada Torrevieja.

1. Artesania Torrevieja_2

Miguel es un experto en la técnica, no sólo en la práctica sino también en los conocimientos que acumula, especialmente aquellos que tienen un carácter histórico pues además ha sido salinero. Tanto es así que es capaz de situar los orígenes de la construcción de barquitos de sal hacia mediados del siglo XIX.

Miguel define los barcos de sal como sencillas maquetas que mantienen fielmente las líneas más características de un velero. Estas maquetas incluyen numerosos hilos que forman parte de la jarcia (objetos de fibra vegetal que simbolizan los aparejos y cabos o los instrumentos y cuerdas de los barcos). Maderas, cañas, tela blanca e hilo blanco de algodón son los materiales utilizados para su confección realizada a mano.

El proceso de construcción de la maqueta pasa por utilizar la madera para realizar la quilla y las cuadernas (nombre con el que se conoce a cada una de las piezas curvas cuya parte inferior encaja en la quilla del barco y desde la que arrancan a derecha e izquierda, en dos ramales simétricos, formando las costillas del casco). Las cañas se cortan a tiras y todo ello se lía con la tela blanca y se entrelaza para dar forma al casco. Los palos y las vergas igualmente van liados en tela y son “enjarcetados” sobre el casco de madera. Finalmente el hilo permite crear la arboladura del barco.

De todo el proceso, lo más curioso es el proceso de cuajar los barcos porque se lleva a cabo en el interior de la laguna salada de Torrevieja. Es allí donde las maquetas se sumergen en el agua salada especialmente en temporada de verano y se dejan secar. Todo ello facilita el agarre de la sal sobre las telas y los hilos. Cuando la estructura y sus materiales están bien secos se sumergen de nuevo en el agua salada, pero esta vez se dejan tres o cuatro días bajo el agua hasta que están acabados, es decir hasta que la sal ha quedado correcta y firmemente aferrada a la maqueta.

El cuaje es un proceso cuyo resultado depende principalmente de las condiciones atmosféricas. Así, Miguel nos comenta que las calmas no son buenas mientras que los vientos Lebeches o Maestrales aceleran el proceso de cuaje y este es más blando. En cambio, con vientos de Levante o Nortes el cuaje es más lento pero más duro. Es muy importante, indica Miguel, que el barco esté bien seco antes de volverlo a sumergir. Lo idóneo es disfrutar de días de viento de Levante mientras los barcos están cuajándose. Una vez se sacan de las salinas se ponen a secar unos días al sol para que pierdan el color rosado del agua salina y adquieran el color blanco de la sal.

Por último, para la conservación de los barcos de sal Miguel aconseja que los barcos se protejan del aire y del polvo con una urna cristal, conservándose así toda la vida.